No encontraba los lentes. Se había pinchado varias veces el pulgar izquierdo, y succionaba sin interés la superficie enrojecida. Permaneció quieto, mirándose los fondos del pantalón que continuaban húmedos, absorto, sin advertir que continuaba con el dedo en la boca...

 lo retiró poco después con el mismo descuido de los gestos anteriores y escupió en una cubeta con mohín de desagrado. Comenzaba a impacientarse, hundía su mano en sus bolsillos y en el maletín de trabajo sin sacar nada de dentro. Miró el reloj en su muñeca y examinó la ventana. Un viento minúsculo sacudía la cortina.

-Ven aquí, ayúdame con los lentes, dijo nervioso.

Se alejó de la lámpara y recorrió la mesa con la mano izquierda y la mano quedó perpleja, en combate con el vacío.

-Qué haces ahí parado mirando todo lo que hago, busca en la cocina,  y apartando los platos sucios de la mesa me los entregó desafiante.

Los dejé encima de las cacerolas apiñadas, adivinando la densa envoltura de grasa y los asientos acuosos en los vasos. Empujado por el asco abrí la llave del grifo para separar los fluidos que se aferraban a su vajilla, pero su voz me impidió continuar:

-No hay agua, la válvula está obstruida. Además le pedí otra cosa.

-Sí, sí los lentes, estoy en eso.

La barca atracaba a las cinco de la mañana, se debía llegar antes a la orilla por previsión, sólo se aceptaban cinco trabajadores, algunos hombres debían marcharse a casa con las esperanzas pegadas al estómago, para ellos sería otro día de extrañezas intestinales. Por eso ambos debíamos llegar a tiempo. Era la una y media, faltaba poco para la salida, y no encontrábamos sus lentes. El cansancio no había podido menguar mi complacencia, pero temía algún quebranto en altamar; los peces no se atrapan solos, y la red podría ser peligrosa. Los lentes debían aparecer pronto.

 

 

-Sus lentes terminaron siendo más difíciles de encontrar. En un pajar aparecería  más rápido una aguja.

-No, la aguja la tengo aquí en la mano derecha, no quiero que se pierda.

-Guárdela bien, no sea que la encuentre después, le dije con tono burlón, sin preguntarme porque sujetaba una aguja en la mano.

-Hasta ahora había pensado que el pinchazo era por los amarres metálicos o un anzuelo para peces.

-Si al principio fue por eso, por un anzuelo pequeño, dijo y comenzó a reírse con fruición.

- Es mejor que descanse, vaya al cuarto, yo sigo buscando por usted.

-No hace falta, cuatro ojos ven más que dos.

-Si fuera así no estaríamos trasnochando por unos lentes

-¿No cree que los encontremos? musitó él con aflicción, convencido de su desgracia.

-Sólo recuerde donde las dejó, así sería más fácil ubicarnos, comenté con agitación después de lanzar una mirada al cielo. El azul pálido se tragaba la oscuridad. Amanecía.

De nuevo se mandó el pulgar a los labios, lo succionaba despreocupadamente, como si fuera un hábito adquirido. De repente lo apartó de la boca y situó la mano en el pecho, como si lo protegiera de alguna dolencia desconocida. Un leve grito se extendió por la sala, un bramido mesurado que alcanzó a impresionarme. Me acerqué a su lado, lo sujeté fuerte, temiendo un desmayo. Su mano izquierda estaba flexionada sobre el pecho, sostenía algo, por instantes pensé que se había clavado por equivocación un anzuelo en el cuerpo, pero él dio un paso hacia atrás y en un arrebato de candor me enseñó el objeto entre su mano.

-Las encontré, estaban en mi camisa, ¡Cómo no me di cuenta antes!

-Eso significa que podemos descansar un poco, dije aliviado.

-Sí, sí, tú puedes. Yo tengo que remendar algunas medias. No olvides que salimos antes de las cuatro.

                                                                                                                                                    Lola Osorio

                                                                                                                                      Estudiante de Licenciatura en Literatura

                                                                                                                                                  Univalle Caicedonia

                                         

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