¡Hola! Soy el árbol que un día sembraste en el parque infantil ¿te acuerdas de mí? No sé si recuerdas lo mucho que luchaste para poder conseguir semillas de roble, estabas muy pequeño, pero aun así le expresabas a tu padre el gran interés que tenías por esta especie del bosque...

 tu padre no te prestaba atención siempre estaba ocupado, y cuando te escuchaba te decía que no pusieras atención a eso, que un árbol no te podía enseñar nada; el llevaba más de 10 años talándolos y no veía nada interesante en ellos.

Un día te despertaste muy decidido y fuiste a buscar a un amiguito de la escuela, para que te acompañara a las afueras de la ciudad, pues el viejo leñador del bosque te había prometido unas semillas, y estabas ansioso por ir a recogerlas. Tras aquella travesía de afanes, regresaste a casa rápidamente porque tu padre no se podía enterar que habías salido de la casa, era un peligro que un niño tan pequeño estuviera andando las calles sin compañía de un adulto. Tu amiguito finalmente fue una buena compañía.

En tu casa revisaste las semillas, brincabas de felicidad al saber que ya eran tuyas, querías sembrar esas semillas a como diera lugar; rápidamente te aproximaste al parque, llevabas en tu manito derecha una de las palitas con las que jugabas en la arena en el preescolar, hiciste un pequeño huequito, metiste en la tierra esa pequeña semilla, la cubriste cariñosamente y allí me encontraba yo en medio de aquella oscuridad.

Mirabas aquel morrito de tierra como si fuese a crecer al instante, al poco tiempo después tocaste la puerta del vecino y pediste un poco de agua, te acercaste y roseaste la tierra. Muy triste volviste a casa.

Los días pasaban y en eso se convirtió tu rutina, ibas a la escuela y pasabas toda la tarde en el parque hasta que oscurecía, hasta que calculabas que tu padre ya iba a regresar del trabajo.

Un día llegaste y te sorprendió cuando pudiste ver un pequeño botoncito verde que surgía de la tierra, y gritaste con emoción ¡por fin!... por fin todos tus esfuerzos tenían un resultado. Desde ese día fue más el empeño que pusiste para cuidarme, pues mensualmente notabas que eran varios los centímetros que crecía. 

Una tarde notaste que ya te podías recostar en mí, en ese momento cambiamos de papel. Ya habías madurado mucho era evidente que tú también habías crecido.

Tarde tras tarde llevabas libros y los leías en voz alta, yo disfrutaba de tus narraciones, mientras te brindaba sombra acogedora, bajo ese sol enfurecido. Trascurridas las semanas llevaste una libreta y un lápiz, comenzabas a escribir y rasgabas la hoja, eran versos muy hermosos los que no continuabas, bastante cariñosos, era indudable que estabas enamorado.

Muchas veces lloraste a mi sombra, otras veces reías, en otras te escampabas, una noche dormiste en el regazo de mis raíces tras un ataque de sinceridad adolescente contra tu padre.

Han pasado veinte años desde esa noche, jamás volviste, nunca más te volví a ver. ¿Sabes? Las cosas no son como antes, pues todo a mi alrededor ha cambiado, mis raíces se han esparcido, el espacio se ha reducido para mí. Ya nadie viene a visitarme, ni siquiera los niños vienen al parque, solo de vez en cuando los perros marcan tu territorio en mis raíces.

En este momento tengo un hombre horrible frente a mí, dice que ya ha llegado mi hora, tiene una cierra encendida en la mano, su sonido me aturde, solo quisiera que en este momento, estuvieras conmigo querido amigo humano.     

                                                                                                                                                                                                                          Aura Milena Aguirre Cifuentes

                                                                                                                                                                                                                                   Estudiante de Literatura

                                                                                                                                                                                                                           Universidad del Valle sede Caicedonia

 

 

 

   

 

 

 

 

 

   

 

 

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